18/05/09

El tiempo, una mirada distinta

El tiempo es un ordenamiento subjetivo. Es inexistente como entidad diferente del hombre.
El pasado es la referencia a la inexistencia de un presente que ya no es. Lo que queda es la historia y perspectiva de lo que paso. Lo que queda es una acumulación de recuerdos y perspectivas subjetivas. Hay una frase conocida que dice que la historia la escriben los vencedores. Siempre hay una parte de la historia que queda por fuera. Hay una parte del pasado que se pierde de manera constante y es solo un pequeña parte la que queda registrada.
El futuro, a su vez, es algo que aun no es. Es una posibilidad del ser, una posibilidad de devenir que a su vez puede no ser.
El futuro es la incertidumbre del devenir. Algo por ser que aun no es.

Entonces, podemos decir que eso que algunos entienden del psicoanálisis como que lo actual es causado por lo pasado, cobra una nueva dimensión. Lo pasado no actuaría sobre el presente, sino los recuerdos y vivencias de lo pasado, que si son actuales, tendrían efecto en el presente. Es su actualidad la que a su vez, daría sentido a toda sintomatología posible, a través de su relación con el presente y las perspectivas de futuro, sobre las que de manera actual se representa como sintomatología.




La soledad, desolación y angustia era todo lo que se podía respirar en el aire pesado que flotaba en todos los rincones que se dejan ver.
Los otros que circulaban por esos espacios, los que intentaban acercarse y ponerse en contacto con él, no podían ni sospechar lo lejos que estaba de todos.
A lo lejos de donde esta, con los ojos vacíos de esperanza y la mirada perdida espera.Se encuentra y desencuentra en un espacio en el que él espera con ansiedad la llegada del fin.
Cuenta sus respiraciones intentando ahogar la última en medio de un vaso de vino tinto con soda.
La tristeza en sus ojos intenta esconderse atrás de una falsa sonrisa blanda que no alcanza a ser tierna por el sosiego de su mismo aire.
Y todo eso no hace más que esconder la espera de una eterna sonrisa, ya franca, que no se podrá forzar ni dibujar.
Esos huesos cansados y duros, hablando constantemente en contra del seguir desplazándose.
Una espera ansiosa que se hace desear, sin saber porque, y poco a poco parece desesperar y entumecer las demás ideas.
Es todo esto y nada de esto lo que lo lleva al máximo de la irritación con Dios, los demás, y solo sabe él con quien más.